viernes, 3 de junio de 2011

Hasta que supe por qué te fuiste

Hasta que supe por qué te fuiste,
hasta que me dieron una explicación de tu misteriosa partida.
Nunca me lo confesaste, y parece que nunca saldrá de tus labios la respuesta,
aquella que me debes y que se aleja con los días.

Parece  que jamás me darás bizarras palabras,
jamás tendrás el valor de darme tus razonables argumentos.
Solo marchaste sordo ante mis señales,
¿cómo no escuchaste mi voz gritando te quiero?
Tu indiferencia tocó fondo.
Solo creíste que era mejor para ti dar la vuelta,
pero no pensaste en mi inmaduro sentir,
no recordaste que mi decir está por debajo de mis pies,
y arriba en mis ojos encuentras mi fuente de conexión,
el Edén de la vida, la transparencia del mar.

Te fuiste porque era más cómodo retirarse de la jugada 
que apostar pues te convenciste de la derrota sin considerar la victoria.
No sabes cómo amaba tu rostro, tan bello, tan sincero, tu mirada...

Sin embargo hoy sufres,  ahora lo sé,
yo ya sufrí,  tú no lo supiste, 
no tienes por qué saberlo, no quiero,
no importa como antes.
Pues antes de quererte ya te había olvidado, 
y solo fuiste una ilusión vacía, 
una vana desilusión pasada. 

Ve, corre a alumbrar otro rincón 
que al mío nuevas lunas lo adornan, 
nuevas luces le dan calor, ese calor que escondiste
y no me mostraste, por un tonto miedo sin justificación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario