-Hermosa como tú - dijo,
y trémulo tomó mi mano y la besó
para no besar mi boca que es escurridiza
pero no más que la suya.
Sus labios son néctar prohibido de otro dueño,
no puedo mirarlo sin embargo lo hago simulando
ver su sonrisa contagiosa,
tan lejano a la verdad
aquel soplo del aire que escapa de él,
y tan próximo a un beso mío
fruto de mi locura aventurada.
Es tan imposible como atrapar al viento
y guardarlo para mis pulmones,
tan inferior el deseo que huye de mí
al comparar mi mundano latido con el suyo,
que lo hace tan distinto
y tan excéntrico al son de lo común de mi vivir,
él está fuera de mí.
-Te quiero - salió firme esa palabra de sus labios,
pero un te quiero bondadoso que no pretende atraparme,
y que me deja libre para seguir la brisa que exhala mi alma,
que no sabe que mi alma lo desea,
que no sabe que lo esperaba,
que no sabe que mi alma se vuelve a enfermar,
que no sabe la lozanía y juventud que hemos perdido
ahora que no nos tenemos.
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