jueves, 4 de agosto de 2011

Sí, yo me enamoré de él

¡Oh! Memoria ¿con qué recuerdo me sorprenderás hoy?
No te evoco pero has vuelto otra vez,
pero no traes un fantasma como creí,
has devuelto un tesoro remoto del ayer.
Solía ser yo joven y desesperanzada ante el amor verdadero,
sólo tenía que aparecer un milagro en mi camino para volver a ver luces en el cielo.
Y así fue, un cometa cruzó, el más brillante apareció,
mientras yo me cobijaba en la soledad de este velero en medio del mar de la nada,
llegó él para devolverme la fe.
Yo lo quise, y sí, caí en esa grave enfermedad llamada amor,
asimismo, al padecimiento más sanador del mundo me sometí.
No recibí nada a cambio de lo que le di,
pero me dio más de lo que podía esperar,
él surcó mis heridas, me enseñó a amar de la forma más pura y transparente,
claro como sus ojos, sin deseos mundanos, sin esperar algo.
Puedo afirmar que amé su sonrisa iluminada, sus ojos puros,
y sus palabras sabias.
Quizá si hoy me lo encuentro, yo vuelva a caer,
porque como él no hay otro, pues no hay luz que se le compare.
Sí, definitivamente no es posible negar que yo me enamoré de él,
que es mi pensamiento más sano y reponedor, que es el amor que alguna vez me llenó
y que pretendo sin temor por siempre recordar,
pues por fin he de confesar, señores, que alguna vez me enamoré.

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